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miércoles, 26 de agosto de 2009

Corea del Sur No Consigue Colocar en Orbita un Satélite

El primer lanzamiento de un cohete espacial de Corea del Sur concluyó de forma anómala. El satélite que llevaba a bordo, el STSAT-2, no alcanzó la órbita sino que reentró sobre el océano Pacífico. Su carenado protector no llegó a separarse del todo, de modo que, con el peso suplementario, no obtuvo la velocidad orbital necesaria. El cohete, el KSLV-1 o Naro, representa un intento por parte de Corea del Sur de disponer de su propio sistema de lanzamiento espacial. Las dificultades de desarrollo del vehículo y su coste propiciaron un acuerdo con Rusia, que proporcionó la primera etapa del vehículo, basada en el sistema Angara. La etapa superior, en cambio, fue construida de forma indígena, así como el satélite. El STSAT-2 (Science and Technology Satellite-2) debía ser colocado en una órbita elíptica baja. Pesó 100 kg al despegue y llevaba a bordo un telescopio solar y un altímetro láser. La primera etapa del cohete funcionó de forma correcta, según fuentes rusas, aunque se apreciaron ciertas oscilaciones durante el despegue. Utiliza un motor RD-151, que es una versión de menos potencia del RD-191 que emplearán los cohetes Angara. La segunda etapa coreana es un motor de combustible sólido, si bien en el futuro Corea desarrollará una etapa superior más potente para lanzar satélites más pesados. El despegue del primer KSLV-1 ocurrió a las 08:00 UTC del 25 de agosto, desde el polígono de Naro. Llegado el momento de la separación de las dos mitades de la cofia protectora, sólo una lo hizo. El peso suplementario y la asimetría de la configuración impidieron que la segunda etapa sólida pudiera llevar toda esa carga hasta la velocidad esperada. Sin control de la navegación correcto, el satélite fue separado, pero en una altitud superior a la planeada (387 km frente a los 302 previstos). La segunda mitad del carenado acabó cayendo, unos 540 segundos después del despegue, pero para entonces la velocidad del conjunto era de sólo 6,2 km/s, mucho menos que los 8 km/h necesarios para permanecer en órbita. (Foto: Khrunichev)